Historia del bar avenida
El Bar Avenida está escondido entre las callejuelas y casas bajas de la Txantrea. Seis árboles de gran porte tapan la fachada y el interior del local se mantiene similar desde el año 1959, cuando Pascual Olmedo, abuelo de Asier, abandonó Coca, un pueblo de Segovia, y puso rumbo a Pamplona porque su familia estuvo presa en el fuerte de Ezkaba durante la guerra civil. Conoció a Esther Labairu, la Txantrea se convirtió en su hogar y en 1959 ambos fundaron el Bar Avenida.
“Lo levantaron con mucho esfuerzo y trabajo. Estaban todo el día metidos aquí”, relata Asier. Pascual y Esther se ganaron a los vecinos con su vermú y fritos caseros –croquetas, calamares, jamón y queso o pimiento–, Jesús Olmedo y Ascen Rubio –padres de Asier– cogieron el testigo y Josu Olmedo –hermano– les apoyó en la pandemia.
Hace cuatro años, Jesús y Ascen se jubilaron, Asier se marchó de la fábrica en la que trabajaba y continuó con el legado familiar. “Quería que el Avenida siguiera vivo porque tengo recuerdos muy bonitos. Me he criado aquí, he mamado la hostelería de antes y de crío ayudaba a mis padres y abuelos. Cogí mucho cariño al oficio”, recuerda.
Asier propuso la idea a Eneko Leoz, amigo de la infancia, y al cocinero Julen Fernández –de la cuadrilla de Eneko–, que acababa de aterrizar en Pamplona. En 2021, los tres arrancaron la aventura –Eneko ya no está– y convirtieron al Avenida en un bar “trifásico”. Tiene tres caras”, bromea Julen. Al mediodía, mantienen la “esencia” del local: música y ambiente “desenfadado”, vermú casero y fritos elaborados con la receta de la abuela.
Calamares, jamón y queso, pimiento y croquetas que cambian de sabor cada semana: rabo de toro, queso azul y pera, mejillón, gamba, jamón, mozzarella, calabacín, cecina… “Innovamos constantemente y la gente viene para descubrir de qué es la croqueta”, indica Asier.